jueves, 30 de enero de 2025

¿Cómo llegue a odiarte tanto Diana?

 No puedo más que sentir asco por las personas cada que pienso en ti. 

Justo ahora que escribo está primera frase, y que mi cabeza se resquebraja buscando las palabras correctas para expresar mis sentimientos; llega un mensaje tuyo. Cómo si no pasara nada, cuando sucede todo. 

Y no vale la pena, me digo en silencio. Trato de que mi corazón lo entienda, me enfoco en el trabajo. Intentando ignorar que tú eres parte del trabajo, parte de todo en un espacio donde guarde ese primer abrazo, tan inesperado y tan fuera de lugar.

<<Es muy mandoncita>> me comenta un amigo. Yo internamente se porque actúas así. Siempre he confiado en mi instinto con las personas, aún más si sus ojos tienen una conexión con los míos. Te leo como un libro de texto. Se que cosas te duelen. Se de esa necesidad de controlar el mundo que te rodea, sea un instinto de supervivencia o una mala costumbre del poder que te han otorgado. Se lo de los zapatos con plataforma, al principio creí que era un gusto propio, hasta que note el patrón entre las mujeres "poderosas" de la oficina. Se de como te lastima la soledad en la que existes, que necesitas rodearte de gente que sostenga esa frágil autoestima, que tal vez yo sea un ladrillo más de esa estructura. Se que mientes sobre ser introvertida. 

Son todas armas para destruirte, pero no soy hombre de venganzas, incluso si haces que mi vida sea miserable.

<<Ya no te lastimes con algo que no vale la pena>> me dice otro amigo. Yo que tengo un corazón de pollo y tres décadas de heridas. Yo que entiendo ambos polos de la soledad, la que disfrutas y la que te consume poco a poco. Me aferró a la necesidad de encajar con alguien que pueda entenderme. 

Una semana más y cumpliré treinta y tres. Que cansado estoy de sentir que no hay un cambio significativo. Aunque si los hay, y son muchos, pero sigo sintiendo que la gente no me quiere. Ahí está el meollo de la soledad que te destruye. Y llegas tu a barrer con lo poco mucho que he construido. Solo te importas tu misma, hablas de empatía y no sabes lo que es. Pasas por alto mis deseos de alejarme y mis sentimientos por ti. Te regodeas restregandome en la cara tu cariño por Bernardo, incluso si el no te sigue la corriente. Vas y abrazas a Luis, le bajas la tensión con un masaje en los hombros. Cómo si dijeras "Mira de lo que te pierdes", y no me pierdo de mucho. 

Solo se que necesito un cambio, dios sabe que lo necesito, algo más que está piltrafa. Ya no quiero retos, merezco a alguien que me quiera y se quede conmigo. 

¿Y como llegué a odiarte tanto? Pues dicen que del amor al odio solo hay un paso. Y ese paso se dió entre dos abrazos, el primero tan transgresor de mis emociones y el último tan "No quiero que te vayas". Quizá hubo un abrazo intermedio en el que yo me aguante las ganas de llorar, amarrarte para siempre a mi y no soltarte. Pero más importante está el silencio de tu parte y la incongruencia, la poca o nula responsabilidad afectiva, lo mala que eres con la gente y cuánto te odian los demás.